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Agencias


 


Claudio Nast, Gerente General de DMC:

TRABAS LEGALES FRENAN NAVEGACIÓN DE CRUCEROS EN AGUAS CHILENAS

Como un hecho inédito ha sido catalogado el arribo prácticamente simultáneo de cuatro cruceros de lujo a Valparaíso, considerando además sus dimensiones y el número de pasajeros a bordo.




Por Annemarie Balde Loosli


VALPARAÍSO (Chile) – 25 Enero 2007.- El crucero “Queen Mary II”, de 345 m de largo, es uno de los más grandes del mundo; y el “Cristal Serenity”, aparte del “Minerva” y el “Deutschland” suman un total de 9.500 turistas y tripulantes.

Para conocer cómo han operado los puertos, los servicios a los pasajeros y lo concerniente a este importante mercado turístico de cruceros, Cybertour.cl, entrevistó en Valparaíso a Claudio Nast, Gerente General de Destination Managment Chile (DMC).

Según Nast, no hubo ningún problema operativo, pues se hicieron las revisiones a partir de las 5:30 de la mañana, “por lo tanto —dijo— a las 6:30 estábamos en condiciones de estacionar nuestros buses, subir a los guías y después proseguir a los distintos destinos elegidos por los pasajeros”.

—¿Estaría resuelto lo concerniente a infraestructura portuaria, servicios y lo relacionado con turismo de cruceros?
—Coincidió que los tres barcos que estaban en Arica, eran de tamaño mediano. Es decir, ninguno era de más de 600 personas. Está el “Prinsendam” que tiene 680 personas a bordo; después, el “Deutschland”, de una capacidad parecida; y el “Discovery”, con 480 personas a bordo. Entonces, no se produjo congestión.

Alrededor del 20 de marzo, tendremos aquí al “Golden Princesa”, con 2.800 personas a bordo; en este caso, un solo barco transporta más pasajeros que los tres cruceros mencionados.

—¿Usted afirma, entonces, que se atendió satisfactoriamente a todos los pasajeros?
—En cuanto a la atención del puerto, éste pone a disposición las áreas de trabajo. Lo que hace cada tour-operador, cuáles son los paseos y cómo los organizan, depende de cada empresa privada. En el caso nuestro, atendimos un barco; y otros operadores, los demás. En nuestra embarcación no hubo problemas, estuvimos con mucha anticipación, preparando los guías y los buses”.

—¿Cómo se operó con los pasajeros que arribaron a Arica, por ejemplo?
—Nuestras excursiones tratan de cubrir todas las áreas alrededor de Arica en diez horas, más o menos, que es el máximo de tiempo con el que se cuenta. La excursión más lejos fue al Lago Chungará, donde necesitamos diez horas. Y se organiza en tal forma que van buses de refuerzo por si alguno queda se descompone. Además, llevamos una Van con oxígeno, por si alguna persona se siente mal con la altura. Eso tiene que estar muy detallado, muy coordinado. Además, se efectúa una visita a la ciudad y sus alrededores, algunos con cocktail de maracuyá y música; otros van los museos. Para el tour del Lago Chungará vamos con el máximo de personas factible, con unos cinco buses. Se almuerza en Vicuña, además de otra entretención anexa, como lo es una feria muy atractiva.

—¿Cuál es la impresión de quienes visita esos lugares, como el caso de algunos que por primera vez pisan un desierto?
—Nunca es tan atractivo para estos turistas que vienen a Chile, porque han estado antes en África y ya conocen el desierto. O han visitado otros lugares de Estados Unidos, donde hay desiertos, aunque no tan impresionantes como el nuestro. Yo creo que los turistas de cruceros se fascinan mucho más con la naturaleza del sur, que con un lugar físico donde hay que sacarle cultura a todo, incluyendo las piedras.

—De acuerdo a ciertas encuestas está cambiando ligeramente el tipo de turistas de cruceros, en cuanto a nacionalidades. ¿Cómo ve eso en los porcentajes, cómo se reparten?
—Yo diría que eso sucede en los barcos grandes. No en los medianos. En las naves que tienen sobre 1.500 a 2.000 personas, indudablemente que las nacionalidades son mucho más variadas. Siempre se cuenta entre un 30 a un 40% de estadounidenses como la base; después vienen una mezcla de europeos, ingleses, alemanes, holandeses, franceses y también mexicanos, colombianos y brasileños.

—Usted señaló, en alguna ocasión, que los pasajeros son siempre fieles a un barco y a su línea y que muchos repiten más de una vez un crucero. ¿Es así?
—Sí. Eso sucede mucho. Los barcos, como los hoteles, intentan tener pasajeros frecuentes. Entonces los tratan muy bien y éstos no quieren perder la calidad de tal, porque generalmente toman los cruceros varias veces para poder contar con esa garantía. Es como cuando uno tiene un millaje en una línea aérea. Y el pasajero va a navegar siempre en el mismo barco para tener más garantías.

—¿Percibe que con el crecimiento del turismo de cruceros, la edad promedio de quienes acceden a estos tour ha disminuido?
—Sí, pero esto depende de las fechas. Por ejemplo, en los cruceros que se realizan en navidad, pueden viajar hasta 150 niños. Y lo otro es que, definitivamente, ha habido un cambio en el porcentaje del promedio de edad; tal vez bajó a los 60 años, siendo antes de 70. Es gente que ya terminó su época de trabajo y son jubilados que tienen tiempo suficiente para tomar 20 a 30 días de vacaciones. Esa es la diferencia. En Europa y Estados Unidos estas personas se dedican principalmente a viajar, porque tienen todo el poder económico para hacerlo. Entonces, es por eso que los barcos están llenos de adultos mayores. Disponen de tiempo para su esparcimiento.

—¿Es considerable el flujo de turistas chilenos que participa en los cruceros?
Muy poco; por lo menos en el Cono Sur, casi nada. Ni siquiera podemos hablar de un 1%; puede que participen en cruceros en el Caribe; pero de eso no tengo mayor conocimiento.

—¿A qué se debe ese fenómeno?
—El poder adquisitivo de la gente adulta chilena es mucho menor.

—¿Y cuál es el beneficio para Chile, en relación a las recaladas de estos cruceros?
—Hay diferentes rangos en los que tú puedes decir en qué nos beneficia el negocio de las navieras en Chile. El primero es económico; es decir, tú estás utilizando infraestructura chilena, empresas chilenas de transporte, estás dando trabajo a los guías que son estacionales y que viven de eso, a los restaurantes, a los taxis… y a todo lo que tenga que ver directa o indirectamente con el flujo de pasajeros extranjeros. También incluye las compras, porque aunque un pasajero gaste un solo dólar, multiplicado por los cien mil que vienen, son cien mil dólares que quedan en el país, más lo que queda por el sector operativo. Esto es una gran ventaja, el lado positivo del movimiento naviero.

Y el otro aspecto a considerar es que produce una promoción automática del país para el resto del mundo, porque el hecho de venir en una temporada tantas personas a bordo, de diferentes naves a conocer y a explorar Chile, se hablará mucho de nuestro país después. La gente saca fotos, transmite a sus parientes lo que vio, escuchó que existe Chile, que está Petrohué, que existe Chacabuco, los glaciares, los volcanes, y se interesan también por conocer Chile. Entonces, desde todo aspecto es beneficioso.

—¿Monetariamente, cuánto puede dejar un turista cada día?
—Esta pregunta la hace todo el mundo. Yo he llegado a la conclusión que dejan más o menos 50 dólares por día…

—¿Se hospedan, la mayoría, en la V Región?
—No necesariamente en Viña del Mar, aunque contamos con buenos hoteles. Pero no se puede hacer un programa muy grande porque es temporada alta. Habría que pagar cuatro ó cinco meses antes, como en el Sheraton Miramar, que está lleno, en general, todos los fines de semana. No hay posibilidades, entonces, de quedarse aquí. Además, la capital siempre atrae a los turistas. Y van algunos a la Ruta del Vino; otros a Isla de Pascua, a la Gran Patagonia, a Puerto Montt, Puerto Natales, Punta Arenas.. Pero todo esto se programa con un año de anticipación.

—A los pasajeros les llama la atención que al llegar a Arica se cierran en los cruceros los casinos, porque no se puede jugar en aguas jurisdiccionales chilenas, lo que es limitante para la entretención de numerosos adultos que no se pueden trasladar mucho…
—A nosotros, como tour-operadores, nos afecta directamente, porque ellos son nuestros clientes. Pero no tenemos injerencia en las leyes. Está en contra de esta situación una empresa que se llama Armasur, una asociación de navieras chilenas que han peleado mucho, porque ellos sienten que de alguna manera están en desventaja con respecto a las empresas extranjeras que navegan con bandera de Bahamas y que no pagan impuestos y que tienen derecho de tener casinos a bordo. Interpusieron un recurso de amparo y lograron que las navieras extranjeras tuvieran que cerrar los casinos si navegan en territorio chileno a menos de seis millas de la costa. Esa fue una acción que yo encontré muy negativa, en todo aspecto. No entiendo por qué Armasur no cambia de bandera entonces, si todas las navieras lo hacen. Los norteamericanos tampoco navegan con su pabellón, lo hacen con la de Bahamas y por alguna razón será. Ellos tienen una guerra mancomunada en contra de esto y nosotros difícilmente podemos influir en ello. Entonces, todo lo positivo que pueda contar la gente que viene en los cruceros, no es tan maravilloso, si no pueden jugar a bordo.

Y para el barco es una pérdida enorme, porque resulta que una nave no tiene muchos departamentos rentables, más bien tiene departamentos operativos que producen sólo gastos. Incluso en las cabinas, los barcos de volumen no tienen gran ingreso. Este está en el casino, en los alcoholes y en los tours. Que tengan que cerrar el casino, es un gran problema. En la mayoría de los otros países esto no ocurre.

Estamos tratando de acercarnos, o más bien de despertar a SERNATUR, para que asuma como interlocutor entre lo que pasa con las navieras y los tour operadores y el turismo en Chile. Hasta el momento no tienen el conocimiento y no se involucran en esta relación. Hoy día un tour-operador de naviera debe enfrentar a la Aduana, a las leyes del Ministerio de Transporte, a entidades gubernamentales portuarias, pero que no tienen relación con el turismo. SERNATUR dice “defendamos el ingreso de la economía turística”… Pero en esto estamos solos.

—Cree que con la Subsecretaría de Turismo se pueda revertir esta situación?
—Ojalá que tengamos una Subsecretaría de Turismo. Pero falta mucho para eso. Cuando la tengamos, veremos qué pasará. ¿Ministerio de Turismo? No creo, porque Chile le da poco valor a lo que es el ingreso de la industria turística.

—¿Con este explosivo aumento de cruceros, percibe que la autoridad portuaria, por lo menos, se esté preocupando de crecer en infraestructura, en los sitios de atraque?
—Es que la autoridad portuaria, —el puerto yo lo entiendo no como una entidad turística—, es una empresa que hoy día se privatizó en una gran mayoría; existen puertos privados que trabajan en pos de tener números azules. Trabajan por la carga, lo que significa para ellos un número que le produzca ingresos y los cruceros pasan a ser un negocio más. Y de repente, un negocio más delicado, porque son pasajeros y tiene que existir seguridad. Los puertos se preocupan pero desde el punto de vista de su rango, no del punto de vista turístico. Habría que tener un interlocutor válido del Gobierno para que asuma como defensor de lo que es la capacidad que tiene la industria de cruceros y del beneficio que aporta al turismo chileno.

—¿Cual es el puerto chileno dotado de mayor infraestructura para recibir cruceros?
—Sin duda, Valparaíso. Se podrían manejar perfectamente dos cruceros; pero tres ya es un problema, dependiendo del tamaño. Si son tres chicos, se pueden manejar”.

En esta temporada de arribo masivo de cruceros se realizó previamente un plan de acción con todos los actores involucrados, convenciendo a las autoridades que la única forma de atender a estas naves era directamente en el sitio. Entonces se hizo un plan de trabajo de tal forma que éstas se atendieran en el sitio una, para poder controlar mejor a los pasajeros. Se generó un plan de acción logístico bastante complejo; pero nos costó mucho convencer a ciertas autoridades de que si no hacíamos este plan, íbamos a quedar muy mal.

—¿Cómo se puede crecer, en este sentido?
Yo creo que teniendo más conocimiento sobre el tema y planificando un poco más a futuro, es decir, elaborando un calendario más seguro. Los agentes portuarios en este aspecto deberían estar más al tanto: es decir que para el 2008, cuando se produzcan estos conflictos de barcos, no negar el sitio. Eso es peligroso. Hay que realizar planes de acción flexible, es decir, si hay más de tres o cuatro barcos, tienen que cambiar su fecha, pero con dos años de anticipación, porque con un año de antelación eso ya no se puede hacer.

¿Cuál es el promedio de permanencia de un barco en cada puerto?
—Un día, y menos, a veces 12 horas. En ese tiempo la gente alcanza a llegar de las excursiones y cuando van a la Antártica, las naves están 13 horas en el puerto. Esto implica una planificación lógica para poder tener un mercado importante de pasajeros, pues 15 a 17 días es lo máximo que se demora el tour de un crucero. Hay de 80 y más días, como los que hace el “Queen Mary”, y el “Cristall”, de 110 días. Pero son cruceros muy especiales; no es la mayoría”.

—Hablando de cifras, ¿cuánto le cuesta a un turista un viaje de 17 días?
—Depende del barco: entre 1.200 dólares hasta 10.000 y 10.500 dólares. Esto, porque hay diferentes tipos de cabinas; pero yo diría que en promedio, una habitación de tipo turista, cuesta unos 2.000 dólares entre Buenos Aires y Valparaíso, o desde Valparaíso a Río de Janeiro.

—¿Cómo vislumbra esta industria entre el 2008 y el 2010?
—Creo que los cruceros van a continuar teniendo un crecimiento leve y estacional; algún año vamos a tener más, otro, menos. Y así. Pero de todas maneras crecerá y aún falta que vengan los japoneses y chinos. Ellos van a empezar a venir primero por tierra. Yo creo que en Asia, en general, hay mucho movimiento de cruceros y esos en algún momento van a llegar hasta acá. El mundo hoy es tan pequeño, en relación a la tecnología, que se hizo chico. La antártica está siendo muy requerida y todos los cruceros están viajando hacia allá; una costa de 4.200 km es muy atractiva, con 10 puertos que podemos tener perfectamente operables. En cuanto a equipamiento, nos faltan buses, guías, buenos restaurantes…

¿Hay algo que usted quisiera agregar?
—Deberíamos insistir en lo positivo que vengan estas personas a mirar el país y que tengamos 10 años ya de estar atendiendo naves y que seamos un país que tiene una proyección importante hacia el futuro. Por eso es que SERNATUR o quien esté a cargo, se debe preocupar de ayudarnos a que el resto de las autoridades entiendan este negocio y nos den facilidades. Y no nos encontremos con tantas trabas. He leído en diarios de Punta Arenas, lo negativo que es que vengan naves y no paguen impuestos. Ahí hay una ignorancia total de lo que significa el turismo. Y hay que hincarle el diente a esas partes: Pero pienso que estamos creciendo paulatinamente y tenemos bastante gente profesional trabajando en este rubro.

¿Cuáles son las principales trabas?
Las trabas en este momento son de tipo legal, para que las naves puedan navegar en aguas chilenas. Chile es muy caro. Hay que tener pilotaje desde el momento que ingresan las naves al país. Tienen que disponer obligatoriamente de remolcadores para acercamiento en el puerto, cosa que no es necesario hoy en día con la tecnología existente. Además, tienen que cumplir con una cantidad de requisitos y pagar una cantidad extraordinaria de dinero para poder navegar y, más encima, cerrar los casinos…


 
Publicado el 27 febrero de 2007
 



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