Por: Francisco Villagrán López
(Periodista en viaje)
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LA HABANA (Cuba).- La capital de Cuba cumplirá 500 años de existencia el 2014 y, al menos en la parte antigua —La Habana Vieja—, eso se nota por sus calles de adoquines, mansiones y edificios de ostentosas construcciones barrocas, conventos e iglesias con hermosas fachadas neoclásica y estrechas calles adoquinadas cuyas casas revelan el Art Nouveau que delata el origen de ser dominio de la corona española durante años antes de obtener su independencia.
A ello, se añade un diseño arquitectónico renovado del Siglo XX donde millonarios, especialmente estadounidenses, construyeron verdaderos palacios y palacetes (entre ellos una réplica del Capitolio), que aunque haya sido sin una línea que le dé una identificación de barrio o de ciudad, pues se levantaba a gusto del que ponía a la vista, igual deja en evidencia la belleza de cada uno de ellos y un placer visual al contemplarlos.
Todo se complementa con un cuidadoso urbanismo en sus plazas, parques y jardines, que hacen más atractivas estas edificaciones con el paso de los años.
Ambas situaciones, en todo caso, determinaron que en 1982 el Comité Intergubernamental de Protección de Patrimonio Mundial y Cultural de la UNESCO, declarara el Casco Histórico de La Habana Vieja, Patrimonio de la Humanidad. Eso se logró gracias a la visión pragmática y futurista del historiador Eusebio Leal que, con inmensa paciencia, hizo ver a las autoridades del régimen de Fidel Castro que había que preservar dichas construcciones y no destruirlas, como muchos fanáticos pretendieron para borrar todo vestigio de pasado colonialista y/o capitalista, y para levantar otra ciudad moderna.
Subliminalmente, Leal les hizo ver que esto viejo y antiguo se podía convertir en una fuente de ingresos para el gobierno de incalculable valor si se tomaba con una mirada turística. Estaba en lo cierto.
La Habana es una ciudad de casi dos millones y medio de habitantes, la quinta parte de una población que va en los 12 millones de personas. Tiene una extensión territorial de 727 kilómetros cuadrados, de las cuales 273 son urbanizadas.

HABANA VIEJA - HABANA NUEVA
Cuando devino el triunfo de la Revolución encabezada por Fidel Castro y Ernesto “Che” Guevara, el sector de lo que hoy se denomina Habana Vieja, donde vivían los más conspicuos personajes del régimen del dictador Fulgencio Batista, las familias más adineradas del país y donde estaban las mansiones, palacios y casas de los millonarios estadounidenses y de otros países, se produjo una masiva huída; la gente destruyó y/o incendió muchos de esos lugares. Los mismos revolucionarios contuvieron el accionar de una turba que sólo quería venganza y destrucción.
Muchas de esas casas y edificios fueron ocupadas por el nuevo gobierno y La Habana Vieja inició una era de recuperación que luego, otra vez, comenzaría a perder cuando el régimen cubano decidió construir nuevos barrios y sacar todas sus oficinas de gobierno, determinando levantar otras instalaciones en lo que se denominó La Habana Nueva hacia el otro lado de la ciudad.
El sector progresivamente se deterioró y la gente fue dejando dicha zona, quedando gran parte sumida en el abandono, cometiéndose además el error de ir dejando a la intemperie hermosas construcciones que fueron perdiendo su belleza y algunas terminaron por derrumbarse.
Esto ocurrió a fines de los años 70. Aquí es cuando surge el historiador Eusebio Leal quien hizo ver el sentido turístico que tendrían estas bellezas y abogó por su restauración, lo que muchos consideraron entonces un despilfarro.
Pero sus esfuerzos dieron fruto y Cuba, ahora —con una visión turística de ciudad— retoma el vigor de otrora con una impensada era de auge económico que los salva de la caída del Muro de Berlín, cuando dejaron de recibir la ayuda económica de la Unión Soviética, y lograron en base a lo que genera el turismo solventar los logros de la revolución cuyo motor de apoyo y renovación de la fidelidad del pueblo hacia sus gobernantes se refuerzan al mantener la salud y la educación gratis para la gente.
Sin el turismo, eso habría sido imposible si no obtenían otro tipo de ayuda, como en su momento se las dio la desaparecida Unión Soviética y todo el bloque comunista que se derrumbó estrepitosamente antes de terminar el Siglo XX
Gracias al turismo ha convergido lo que se llama la Habana Nueva, con barriadas y sectores quizás no tan hermosos por sus fachadas y diseños, pero de sobria belleza constructiva. Sobresale la Plaza de la Revolución que es un enorme parque rodeado de avenidas y calles con parques amplios que le dan un renovado aire a esta capital caribeña y donde resalta la estatua de José Martí, el gran héroe nacional de la independencia.
Hay edificios altos nuevos pero no de reciente construcción porque las crisis financieras internacionales, más los errores económicos del propio gobierno, han puesto una traba al progreso ciudadano que ahora tratan de superar.
El turismo es el eje de sustentación de las restauraciones de lo antiguo y el construir cosas nuevas, así como el seguir ofreciendo educación y salud gratis a la población. Perder eso, sería la desaparición del régimen cubano que afronta un dificilísimo panorama que los obliga en la actual realidad económica tener que despedir del aparato estatal a un millón de personas, pues ya se hace imposible subsidiar —por parte del —Estado— a tanto trabajador que no cumple un rol en la producción y se convierte en una carga gubernamental.
El turismo sigue siendo la herramienta para salvar en parte esto, pero igual la situación se complicará y se está estudiando cómo superarlo.

TURISMO A TODO DAR
Superadas esas desconfianzas de crear la industria del turismo, con el ingreso de grupos económicos (especialmente españoles, canadienses y franceses, además de otros países), se implementó toda una estructura para que el turista encontrara en Cuba todo lo que un viajero busca: buenos hoteles, facilidades para adquirir ciertos productos a los cuales el cubano común no accede (tienen racionado el alimento mediante una tarjeta mensual); además, hay dos tipos de monedas: el peso cubano propiamente tal y la denominada CUC, que es para los extranjeros.
Un consejo: si va a Cuba, no lleve dólares sino euros u otra moneda internacional reconocida, porque la divisa estadounidense tiene un “castigo” del gobierno al 10 por ciento de su valor cuando se hace el cambio, que queda para el Estado. Con el resto de las monedas no hay ningún recargo o impuesto.
Si ya tiene decidido viajar a Cuba, nuestro primer consejo es que visite La Habana Vieja; de un zarpazo conocerá en gran parte la historia arquitectónica del mundo con sus adoquinadas y estrechas calles, las iglesias y conventos de inmensas dimensiones y colosales estructuras neoclásicas y el Arte Nuevo francés, así como las antiguas Plazas de Armas… Un recorrido obligado es a la Plaza Vieja o a su vecina Plaza de San Francisco: en ambas se están restaurando las viejas construcciones y donde la vida ha vuelto a renacer con su gente y locales comerciales que habían desaparecido. Si lo hace en un carruaje antiguo, que los hay a montones, le dará mayor realce a este paseo.
Hay una calle, como Obispo que, guardando las diferencias, es la calle Lavalle, de Buenos Aires, donde encontrará todo tipo de entretenciones y comercio, desde restaurantes y locales de artesanías, hasta museos y muestras artísticas por doquier. Por supuesto, en medio de ellas está La Bodeguita del Medio y el Museo del Chocolate, así como antiguos hoteles en estilo barroco, con piso y escalas de mármol, grandes luminarias y techos con enormes vigas decoradas, ventanales y claraboyas con enormes vitreaux y antiguos ascensores con puertas de reja que usted abre y cierra, pero que funcionan muy bien. Algunos de ellos estuvieron abandonados, pero se refaccionaron y modernizaron y cuentan hasta con gimnasio dentro de sus inmensas moles, como El Nacional y el mismo Habana Libre (ex Hilton) que son el símbolo de la belleza del Siglo XX cuando La Habana era el lugar favorito de los millonarios estadounidenses y de ahí la razón de tan monumentales obras de construcción.
Si visita La Habana, debe conocer ambos hoteles por la majestuosidad de estas obras a pesar de tener más de 60 años de existencia. Debe, además, recorrer la avenida Paseo del Prado, donde resalta el edificio de El Capitolio, el Gran Teatro de La Habana y otros variados recintos artísticos musicales donde le pueden enseñar gratis a bailar salsa, además del antiguo cine Peyret.
La variedad artística en Cuba es enorme: entre Museos y Centros Culturales hay más de 50 posibilidades de distracción para el espíritu y los sentidos, más los cafés, cafeterías y restaurantes donde en la mayoría hay números artísticos de auténtica música y bailes cubanos.
Demás está decirles que el Malecón, con sus casi ocho kilómetros de extensión, fortalezas y fortificaciones, aparte del Cementerio de La Habana, son áreas imperdibles a contemplar. El Malecón puede recorrerlo gratis; en las otras dos hay que pagar, pero vale la pena por sus enormes moles de defensa y lo que históricamente representan.
Resulta imperdible visitar el Cementerio, por la gran belleza de las tumbas allí construidas, que no tienen nada que envidiar a las que tuvieron en vida los que allí están sepultados, pues son enteramente de mármol.
Si bien en Cuba la Iglesia Católica tiene cierto arraigo en la población, la mayoría de los cubanos son más propensos a la santería y tienen disímiles maneras de expresarlo, especialmente en sus hogares. No es extraño ver a mujeres jóvenes y maduras vestidas enteramente de blanco, paseando por las calles, como una manera de rendir culto a una creencia religiosa muy propia de ellas. Los varones las realizan en otras formas menos notorias.

LOS AUTOS FANTÁSTICOS
Una carencia provocada por el embargo estadounidense, los cubanos la han convertido en otro atractivo negocio turístico: los autos antiguos. Aunque ahora se ven más vehículos modernos en Cuba, la gran mayoría son remanentes de los años 40 a los 60, que han sido refaccionados mecánicamente y funcionan muy bien. Incluso, el ingenio cubano ha creado los llamados “huevitos”, que son una especie de motocicletas que funcionan como taxi para dos personas con un techo especial para protegerse del sol o la lluvia, así como también las bici-taxi, claro que aquí “el chófer” va pedaleando.
Conocimos una “van” (limusina) construida uniendo dos autos Lada que luce entre pintoresca y bonita. Se pueden apreciar antiguos Ford, Chevrolet, Studebaker, Dodge y otras reconocidas y conocidas marcas de autos que circulan con motores adaptados y que, a pesar de ello, no echan tanto humo.
Los turistas arriendan estos vehículos que ven como verdaderas joyas del pasado y se admiran que funcionen tan bien. Hasta algunos se toman fotos.
La ventaja de no existir tantos autos hace que el tráfico, aunque intenso a pesar de todo, no sea asfixiante y tenso —como ocurre en otras naciones— y sea fácil recorrer la ciudad, sin problema de grades tacos.
Para el peatón también es cómodo, porque el cubano es muy cuidadoso para manejar y respeta mucho las normas del tránsito y también a las personas, donde los privilegiados son los niños y la gente adulta. Es raro escucharlos proferir groserías y menos si hay niños o damas. Esta conducta cultural se traslada a que uno observa, a pesar de la pobreza en algunos sitios, calles y murallas limpias sin ningún tipo de rayado; incluso en las construcciones abandonadas, la gente no tiene la costumbre de convertirlas en basural o hacer mal uso de ellas.
La locomoción colectiva ha dado un gran salto, pues desaparecieron las legendarias “guaguas”, esas que eran enormes camiones adaptados a lo que los chilenos denominamos micros o buses. Se eliminaron por el daño que producían en la calzada y ahora hay nuevos buses, incluso articulados. Aquí otra muestra de la cultura cubana: cuando se abren las puertas de esos buses, la gente antes de entrar va donde el asistente del chofer (no existe la moderna tarjeta nuestra) y cancela su pasaje y jamás entra sin pagar su boleto que es muy barato, el equivalente a 20 pesos nuestros. En Cuba el estado subsidia el transporte; los niños y los estudiantes no pagan.
Por las características del régimen, es una ciudad muy segura y no hay ningún temor a ser asaltado o pasar algún peligro aunque ande de noche por calles semi- oscuras (las luminarias escasean en algunos barrios alejados del centro), pues la gente tiende a departir mucho en la calle y además siempre hay guardias y rondas de policías, pues aquí se cuida preferentemente al turista para que no sea molestado, a veces por personas que solicitan monedas o regalitos como lápices, jabón u otro producto escaso en el país.
Esta costumbre se ha ido acrecentando en los últimos tiempos, convirtiéndose en una real molestia para los visitantes.
LA OTRA CUBA
Saliendo de la ciudad —como el caso del emblema turístico de Cuba: Varadero—, se llega a conocer otra realidad. Aquí está todo pensado en pro del turismo, pues hay grandes cadenas de hoteles —en gran parte españolas— que ofrecen una atención de primera al turista, donde está todo al alcance de la mano.
Allí sólo tienen acceso los turistas que provienen del extranjero o los cubanos con recursos para pagar las estadías en estos lugares de tres, cuatro y cinco estrellas, que son verdaderamente de lujo. Los cubanos con acceso a estos recintos son quienes laboran allí, existiendo una inmensa fuente de trabajo para hombres y mujeres que ganan un buen sueldo; no tanto por el que les asigna la cadena hotelera sino por lo que obtienen mediante las propinas. Por eso, ellos viven otra realidad, que no es la del trabajador común que gana un sueldo promedio muy bajo (25 pesos cubanos al mes).
Varadero, ubicado en la provincia de Matanzas, así como Santa Clara, Holguín, Camagüey, Santiago de Cuba, etc., irradian un flujo económico que beneficia no sólo al gobierno sino también a los habitantes que allí viven y que aprovechan las ventajas del turismo ofreciendo sus productos, medios de transporte antiguos y/o artesanales como las carretelas y un comercio de artesanía que a veces no da abasto ante la demanda.
Aquí hay que tener cuidado con los habanos y otros productos que realmente son poco auténticos, por lo que se recomienda ir a los lugares conocidos o recomendados si desea adquirirlos. No se deje tentar por las ofertas al paso que hacen algunas personas.
La temperatura media en este país es de 25 grados. En otoño e invierno alcanza unos 20 grados; en primavera llega a los 30; y en verano, a los 40 grados.
Sus playas, de blancas arenas y agua color calipso, permiten penetrar 30 o 40 metros en el mar y el agua recién le llegará a la cintura, con olas que a lo más llegan al medio metro de altura.
LOS MALES
QUE SE PRODUCEN
Esta apertura a la entrada de capitales extranjeros para estructurar todo el auge turístico que tiene actualmente Cuba, significó la aparición de algunos males o actos que en los inicios de la Revolución de Fidel se habían extirpado, entre ellos la prostitución.
Aunque no alcanza una gran proporción y es un fenómeno menor que en los países capitalistas, o en vías de desarrollo como Chile, la aparición de las “jineteras” ya no es cosa rara. Son bellas jóvenes que merodean los hoteles y lugares donde proliferan los turistas y se dejan ver para ofrecerse y cobrar por sus servicios sexuales.
Algunas lo hacen como una manera de salir del país y otras tantas llegan a casarse para cambiar así sus vidas. El temor es que esa conducta vaya en ascenso constante y se vuelva incontrolable. Por el momento, sigue circunscrito a una cifra si bien no despreciable, pero que es inferior a cualquier otro país (como el de cualquier latino o europeo) donde la prostitución existe en variados estratos, pero sin sobrepasar ciertos límites.
Otro acto que si bien no es un delito mayor, sí es una falta para la realidad cubana: gente que ofrece alojamiento con comida a turistas a un precio barato, pero que les permite tener acceso a la moneda de conversión cubana (Cuc) con que pagan los turistas, con lo cual logran conseguir productos que no pueden con la moneda normal de ellos.
Todo el mundo, incluyendo las autoridades, sabe de tales artimañas pero rara vez la castigan y por eso se ha propagado entre la población como una manera de allegar más recursos para el hogar. Muchos turistas utilizan estos servicios, pero corren algún riesgo si es descubierta la acción.
Esta realidad deriva en otras conductas, donde el mercado negro está creciendo en gran cantidad y es toda una estructura clandestina que mueve productos prohibidos de comercializar, pero que llegan de todas maneras a mucha gente de esa forma. Es como el mal necesario, antes las carencias de un pueblo que soporta con gran estoicidad esos sacrificios porque aún la mayoría se conforma por tener acceso gratis a una buena salud y a una educación de alto nivel.
Pero muchos dicen que en algún momento eso no bastará y la paciencia se puede terminar. Por el momento, al parecer, todavía queda paciencia.


Aunque muchos miraron con recelo el auge de la industria turística en este país caribeño, por vislumbrar riesgos derivados del capitalismo, debieron aceptarla como un mal menor. Los resultados obtenidos permiten que hoy nadie piense en ese alcance aunque se hayan vislumbrado ciertos estigmas de los países desarrollados.
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Caminante, sí hay camino...
"se hace turismo al andar".
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